viernes, 23 de mayo de 2008

Una raya más del tigre

Me dijeron que le photographe era del palo, que cumplía años y que la casa no quedaba lejos. Para mí todo era lejos; estar en Tucumán, haber visto cerros, sentir los cuatrocientos ochenta y cuatro grados centígrados a la sombra... todo todo me parecía lejano, ajeno.
Se hizo la hora y en solo diez minutos en auto llegamos a la casa de le photographe. Había ganado doce lucas en un concurso de foto en mi provincia y estaba de festejo múltiple. Conocí a su abuela, sus amigos, su moto y su estudio de foto. Hasta el cuarto oscuro me mostró. La abuela una hermosura.
Resulta que le photographe era del palo en serio. Dos horas más tarde, todavía con el cordero calentito, llegaron dos tipos bastante divertidos y un poquito tatuados. Eran dos punteros del palo. O de la pala, como les dije para ganármelos. Perdí por goleada pero como iba con mi amiga estaba todo bien.
-Vamos al Abasto.
-¿Volvemos a casa?
-No, boludo; es como tu Palermo Hollywood.
-Ah.
Llegamos y había mujeres por todos lados. La más grande tenía 25 pendejos años. Un escándalo; todas borrachas. Nosotros también pero a los efectos de esta crónica no importa mucho mi estado. Elegimos un bar, subimos la escalera y nos sentamos en una mesa para 15 personas.

En la barra había dos agentes del orden vestidos de civil con un vaso de lo que parecía vino, fernet o (peor) coca cola fría.
-Uh, llegó la brigada - dijo el menos tatuado. Levantó el vaso y lo saludó desde su silla. El cana mantenía su cara de orto con diarrea y yo no entendía nada. Se miraron sin hacer una sola mueca.
-¿Querés un cigarrillo, culiao?
-Bueno.
-Tomá, pasale al culiao del porteño.
Me dieron un paquete de Marlboro diez y una caja de fósforos.
-Fumate un cigarrillo - aclaró el más tatuado.
Cuando abrí la caja de fósforos había una bolsita de merca.
No había fósforos.

Supuse que habría más de doscientos pesos embolsados. Mi amiga me lo confirmó después.
-Flaca, estás loca si pensás que voy a tomar acá con la brigada oliéndome el culo.
-Tomá o te lo rompen mis amigos. No seas putocagón, culiao.
Mi amiga es una ternura pero además es sincera y por eso la quiero tanto. Cuando le brillaron los ojos me di cuenta que tenía razón. No fue necesario mirar a los punteros de la pala.
-Voy al baño - se me ocurrió para zafar.
Cuando me senté en el inodoro me agarré la frente porque es lo que hago cuando estoy nervioso y trato de pensar al mismo tiempo.
-Culiao... ¿estás acá?
Era la voz de le photographe.
-Dale, abrí.
Era la voz del menos tatuado.


1 comentario:

el hombre de la bolsa dijo...

qué pasara? el protagonista podrá comerse un trava? se le parará estando tan duro? se dormirá en una estación de bondi?
eh eh
que pasará?